Yoga y cáncer


Javiera Araya Poblete

Fundadora de OIR, Región de O’Higgins

Kinesióloga, Pontificia Universidad Católica de Chile

Diplomada en Kinesiología y Cáncer UC


El yoga es una disciplina que busca la unión del cuerpo y el alma. Se ha practicado durante siglos para cuidar la salud y conservar el equilibrio del cuerpo. Durante los últimos años, y debido al aumento exponencial de diagnóstico de cáncer en la población mundial, se ha comenzado a utilizar como terapia complementaria a los tratamientos tradicionales. Algunos de los países que llevan la delantera en el uso de esta disciplina para acompañar a este tipo de pacientes son Canadá, Estados Unidos y Suecia.


Es importante ampliar la perspectiva del yoga. El yoga es mucho más que la práctica física. Es para muchos, incluyéndome, un estilo de vida que determina una manera de relacionarte contigo mismo, con los demás, con tu entorno, con tu manera de pensar y de vivir. Permite vivir el momento presente, detener el ruido mental y a la vez cuidar la salud. Es por esto que posee múltiples beneficios físicos, psicológicos y espirituales.


Además, los pacientes oncológicos se ven muchas veces aislados, dejan de ver a sus amigos, dejan de hacer actividades recreativas, incluso evitan tareas como ir a comprar o hacer trámites, más aún en el contexto de crisis sanitaria en que nos encontramos. Esto se debe a varias razones: un sistema inmunitario débil, cambios en el aspecto físico, cansancio, falta de ánimo, disminución de la autoestima, entre otros. El yoga favorece la participación de las personas. A través de esta intervención pueden pertenecer a un grupo que se encuentra en las mismas condiciones, se conectan con su lado más social, con su lado más humano.


¿Qué dice la evidencia científica sobre el yoga y cáncer?


Con una práctica adaptada para personas con cáncer que incluya posturas (asanas) de baja a moderada intensidad, ejercicios de respiración (pranayamas) y técnicas de atención plena (mindfullnes), es posible alcanzar diversos objetivos.


Entre los beneficios más investigados se encuentran: efectos positivos en la calidad de vida (QoL), ansiedad, depresión, funcionalidad, fatiga relacionada con el cáncer (CRF), calidad del sueño, síntomas gastrointestinales y náuseas (1) (2) (3).


En sobrevivientes de cáncer no metastásico, la evidencia menciona resultados en mejora de la fatiga relacionada al cáncer y en la calidad de sueño con protocolos de 75 minutos de yoga, dos veces a la semana durante 4 semanas. La intervención consiste en ejercicios de respiración diafragmática suave y controlada, se coordina esta respiración con una serie de movimientos. Se incluyen asanas con posiciones en supino, sedente, de pie y transiciones, siempre cuidando una correcta alineación. A lo anterior, se le agregan ejercicios de mindfullnes como meditación, visualizaciones y afirmaciones (4) (5).